Os traemos esta reseña a una entrevista a Rafael Mora (Psiquiatra) sobre el tema de la relación entre enfermedades mentales y  las adiccione, publicada en Patim.

Rafael Mora (Vila-real, 1967) participa en uno de los grupos de trabajo que revisa el actual Plan de Prevención del Suicido. Médico especialista en psiquiatría es una de las voces de referencia cuando se abordan las conexiones entre drogas, depresión y suicidio. Desde hace tres años, se ha incorporado al equipo profesional de la Comunidad Terapéutica Los Granados, que Patim gestiona en Castellón. Con motivo del Día de la Salud Mental, reflexiona sobre la percepción de la salud mental en nuestra sociedad y el estigma social que todavía persiste.

Tomando como referencia su experiencia ¿ha notado un aumento en la presencia de trastornos mentales vinculado al uso de sustancias en jóvenes?

Las enfermedades mentales se inician normalmente en la adolescencia o poco después de la adolescencia, en el adulto joven. Es cierto que cada vez hay más personas que tienen trastornos mentales que coinciden con el consumo de sustancias. Posiblemente, porque España es uno de los países campeones en el consumo de cannabis o de cocaína en el mundo, aparte del alcohol, que es más tradicional. Sí que se ha detectado un aumento y hay una causalidad clara entre el consumo de cannabis y el inicio precoz de la esquizofrenia, eso es algo que está reflejado en la literatura científica.

La relación entre adicciones, salud mental y el estigma social sigue siendo un tema complejo ¿cómo se puede cambiar la percepción social de quienes sufren estas enfermedades para facilitar su tratamiento?

Dentro de las enfermedades en general, las enfermedades mentales sufren ese estigma: la visión del enfermo mental como alguien peligroso, alguien imprevisible, incluso, otras veces, se consideran una manera de librarse de responsabilidades. Todos esos prejuicios forman el estigma, pero dentro de ese estigma todavía se acentúa más en las personas que consumen sustancias, se les califica como “viciosos”. Es un asunto complicado porque es así como son vistas por una parte de la sociedad y pervive la imagen de que “no lo dejan porque no quieren, porque no tienen bastante fuerza de voluntad”. Creo que hay que hacer mucha psicoeducación a nivel de la población general, un proceso complejo, pero es la única forma que la gente conozca y entienda en qué consiste la enfermedad mental. Que los enfermos mentales en sí, no son peligrosos, incluso que las drogodependencias no dejan de ser una enfermedad producida por una sustancia. Y es que la droga cambia el cerebro, modifica conexiones neuronales y hace que el paciente sólo piense en esa sustancia. Es como el que tiene hambre, cuando tienes hambre lo que piensas es en comer. Incluso dentro de los sistemas de salud mental, se percibe ese doble estigma que existe en la sociedad.

¿Qué podemos hacer para cuidar de la salud mental?

Una cosa es lo que deberíamos hacer y otra cosa es lo que podemos hacer al final. Lo que es bueno para la salud mental es bueno para la salud en general. Lo ideal sería llevar una vida sana. Con ejercicio físico moderado, adecuado a cada persona, una dieta equilibrada, dormir las horas que toca y no tener situaciones estresantes… pero, a ver quién puede hacer eso. Quiero decir que al final esta sociedad también nos presiona y, a veces, nos presionamos nosotros mismos más de lo que deberíamos. Por otro lado, hay un horror al vacío, es decir, tener que estar rindiendo siempre en lo que sea. Estamos en una sociedad orientada a la actividad y al éxito, a un tipo de éxito determinado, que quizá habría que replantearse. No es fácil. En fin, una vez cubiertas las necesidades básicas, a lo mejor habría que soltar el acelerador no un poco y vivir de una manera más relajada.

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