La Semana de la Salud Mental de la UJI se ha iniciado con una mesa coloquio sobre el suicidio en la que han participado representantes de Patim, el Teléfono de la Esperanza y el Colegio Oficial de Psicología para compartir algunas de las claves para prevenir y detectar el suicidio así como reflexionar sobre los factores personales, pero también del entorno social, que dificultan que se pueda cuidar de manera adecuada la salud mental.

El suicidio es el resultado de un proceso complejo que puede desarrollarse a lo largo del tiempo. Es capaz de variar de persona a persona, aunque generalmente sigue un patrón de fases que incluyen pensamientos, sentimientos y comportamientos que se intensifican progresivamente.[…]

“En nuestro colectivo hay que diferenciar personas que deciden quitarse la vida siguiendo ese esquema y otras que, debido a un consumo, presentan un brote psicótico y durante el mismo, de forma casi accidental, se quitan la vida”, puntualiza De Mingo, consciente de la complejidad de trabajar la prevención del suicidio con las personas que combinan una conducta adictiva y un trastorno vinculado a su salud mental.

Diferentes estudios evidencian que existen factores de riesgo diferenciales que aumentan la probabilidad de que una persona considere o intente el suicidio. Pueden variar según la historia personal, el contexto social, el estado de salud mental y física y otros elementos específicos en cada persona. “Centrar el suicidio exclusivamente en la salud mental hace que el estigma de la salud mental se perpetúe y no se trabaje la prevención desde otros agentes socializadores”, asegura la representante de Patim.

Durante su intervención, Carolina de Mingo también ha advertido que en la sociedad actual el concepto de bienestar está vinculado a lo que denomina “tiranía” de la felicidad. “Nos hemos olvidado que la vida también duele y es necesario aprender a gestionar las emociones negativas”, remarca.

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